A Astigarraga con un cuchillo romo
Lo de hoy en Pucela era como ese sábado indeterminado entre Reyes y Semana Santa en que montas un microbús con gente de la oficina para ir a una sidrería a comer en Astigarraga y después a tomar unos potes en Hernani. Sabes que puedes disfrutar mucho y que el equipo que saltará al campo en tierras guipuzcoanas, a pesar de alguna baja de última hora por gastroenteritis, es de absoluta confianza. Osasuna ha saltado del microbús al bar de la sidrería a calzón quitado, a limpio vermú sin tener en cuenta lo que le veía por delante. No vislumbraba al rival y esto ha obligado a una pareja de centrales inusual a dedicarse al máximo. Tanto como que Aridane ha salvado dos goles cantados, algo así como ese colega que, antes de que te pidas el último marianito, te dice que igual bajas el pistón, que te está salvando la vida y queda todo el día por delante. Tú, carnívoro, bajas revoluciones cuando te sientas y pasan por delante el chorizo ...