Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2022

El síndrome del folio en verdiblanco

     Me flipan las crónicas. Una política de un debate en el Congreso, una taurina de ABC desde un pueblo manchego o una deportiva de Carlos Arribas hablando de Julian Alaphilippe o del último repaso de Karsten Warholm en el "cuatro vallas". Tan es así que una de mis últimas adquisiciones bibliográficas ha sido "La fiamma rossa. Storie e strade dei miei tour" del mítico periodista italiano Gianni Mura. Pero si hay gente a la que admiro es esa que tiene que escribir todos y cada uno de los días. Siempre en contraportada o tras el editorial. Unas veces con puyazo político bien dirigido y otras comentando la actualidad partiendo de un suceso personal sin aparente importancia. Son los Chapu Apaolaza, los Jorge Nagore o los Manuel Jabois.      Se enfrentan cada día a desgranar las últimas novedades y el primer instante ante el teclado debe ser como asomarse a los acantilados de Moher en Irlanda. El vacío gramatical. El síndrome del folio en blanco lo llaman. Est...

Lo escribió un moscovita, lo filmó un neoyorquino y lo interpretó uno de Ávila

     Nadie describe en celuloide lo cerca y a la vez lejos que puedes estar del precipicio como Woody Allen en Match point . Nadie ha escrito en papel el estar en el filo de la navaja como Fiódor Dostoyevski en Crimen y castigo ( en quien se basó el director estadounidense). Nadie ha desnivelado tanto una balanza con una anticipación como Rubén Peña, que aislada puede parecer nimia, pero en contexto es capital.      Al 15 de Osasuna le va el rocanrol. En su DNI pone que es defensa, pero en su corazón es un extremo. Su currículum dice que tiene que evitar goles, pero lo que le gusta es servirlos. El "oooohhhh" que se escuchó en las gradas cuando dio la asistencia al Chimy ante el Sevilla aún debe resonarle en el tímpano. A pesar de eso poco después del minuto 70 sintió la llamada de su oficio y cruzó desde su hábitat diestro al terreno de Juan Cruz para desbaratar lo que desde la grada ya sentíamos como el empate cadista. Lozano veía su gol, Sergio en el ban...

Cuántas veces he soñado ser Aimar Oroz

     Ocurría entre la calle Teobaldos y Jesuitas. En un tiempo definible como el Pleistoceno del transporte urbano comarcal en el que para ir de Burlada a Iturrama tenías que montarte primero en La Montañesa y luego en la COTUP yo compraba un billete de dos viajes que debía conservar hasta mi vuelta a casa por la tarde. Para subir a Pamplona no había bonobús ni tarjeta y en El Sadar había vallas y cemento para las posaderas. Y yo subía Carlos III cuando todavía había coches por ahí pensando que Chechu Rojo, Benítez o Paquito me iban a convocar para jugar el domingo contra el Poli Ejido.      A mí. Que siempre he sido increíble jugando a fútbol. Increíblemente malo. Enseguida mi padre me animó a jugar a otra cosa tras un año de futbito en el Burladés, pero en mi mente saltaba al césped del Sadar y en el barullo de un córner en Graderío Sur con la gente subida a la valla, yo la enganchaba y marcaba el gol de la victoria. A veces la ilusión duraba de Merindade...