Lo escribió un moscovita, lo filmó un neoyorquino y lo interpretó uno de Ávila

    Nadie describe en celuloide lo cerca y a la vez lejos que puedes estar del precipicio como Woody Allen en Match point. Nadie ha escrito en papel el estar en el filo de la navaja como Fiódor Dostoyevski en Crimen y castigo (en quien se basó el director estadounidense). Nadie ha desnivelado tanto una balanza con una anticipación como Rubén Peña, que aislada puede parecer nimia, pero en contexto es capital.

    Al 15 de Osasuna le va el rocanrol. En su DNI pone que es defensa, pero en su corazón es un extremo. Su currículum dice que tiene que evitar goles, pero lo que le gusta es servirlos. El "oooohhhh" que se escuchó en las gradas cuando dio la asistencia al Chimy ante el Sevilla aún debe resonarle en el tímpano. A pesar de eso poco después del minuto 70 sintió la llamada de su oficio y cruzó desde su hábitat diestro al terreno de Juan Cruz para desbaratar lo que desde la grada ya sentíamos como el empate cadista. Lozano veía su gol, Sergio en el banquillo veía el gol, los Garcías, descolocados, veían el gol y yo veía el gol. Pero Rubén Peña no. Se cruzó al delantero hondureño y cayó desfallecido en el césped haciendo temer a todos por una grave lesión que quedó en una fatiga sin límite.

    Esa intercepción fue el anillo junto al Támesis que cae del lado equivocado. Un pequeño detalle que en el encuentro de ayer desencadenó la hecatombe gaditana. Intercepción, falta, segunda amarilla, expulsión, penalti, 2-0 y partido finiquitado. 

    Ni los tres de arriba que jugaron y bien, ni el golden boy Oroz que hizo un traje a Fali, ni un Moi Gómez al que la clase se le cae, pero que no va a brillar siempre como contra el Sevilla. Un tipo de Ávila forjado en Guijuelo, Leganés y Eibar desequilibró el partido. Por ese detalle la suerte del choque cambió de la misma forma que Chris Wilton se salva y salva su matrimonio por un anillo que terminó en la acera o Raskólnikov evita la justicia por pequeños detalles y casualidades.

    El Osasuna - Cádiz fue eso más allá de planteamientos tácticos. Un fallo y un corte. La sortija que golpea la barandilla y cae a un lado o al otro. La pelota pega en la cinta y bota después aquí o allá. Seis puntos Osasuna y cero el Cádiz. La alegría y la euforia o el canguelo y los nubarrones. Un lateral abulense y un delantero catracho.

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