Explicando el Osasuna - Villarreal a mi nueva compañera de piso
En casa llevábamos tiempo buscando a alguien para ocupar una habitación del piso. Finalmente, hace unas semanas, hizo su mudanza una chica. Una chavala jovencica, algo desastre con el orden y de horarios caóticos: lo mismo come a las dos de la tarde que a las seis o recena a las tres de la mañana de un martes. En fin, quiénes somos los demás para juzgarle. En el anuncio ya decíamos que habría pleno derecho al uso de las zonas comunes.
Ayer le dije que veríamos el Osasuna - Villarreal en el sofá y se lo iría explicando. Aceptó o eso quise entender, ya que es de nulas palabras. Intenté transmitirle la pasión que siento por mi equipo, pero no parecía impresionarle. Además, el juego rojillo era inexistente y el Villarreal abrumadoramente superior en la primera mitad, lo que impidió que se enganchase al juego. Pasados unos minutos, más o menos cuando desde la realización se dignaron a mostrarnos una imagen del posible fuera de juego de Chukwueze en el gol amarillo, posó su cabeza en mi regazo y se durmió profundamente. ¡Qué sensación! ¡Años llevaba desde la última vez que eso me ocurrió con una chica! Ni siquiera en la flagrante mano de Yeremi Pino me atreví a menearme en mi asiento para vociferar la corrupción que recorre al colectivo arbitral. Me gustaría haber dado a mi compañera las razones de Muñiz Ruiz para no señalar el penalti, pero la realidad es que no se puede explicar lo inexplicable.
Avanzaba el encuentro y merendamos un poco ya que la recién llegada nos informó de que tenía hambre. Fueron los mejores minutos de Osasuna en cuanto a empuje y los peores de la temporada en lo referente al acierto. Tras colgar decenas balones un día que no ponemos un delantero grande, decidíamos bajar el balón al césped con infausto resultado entreverado de dos impactos en los postes. Pero es que si es Brasanac quien debe actuar de fino estilete, mal vamos.
Los últimos minutos supusieron la constatación de un hecho. No iba a haber manera de marcar a Reina y los castellonenses iban a sentenciarnos tras marear la pelota durante minutos. La lástima fue que el demérito fuese nuestro personificado en Moncayola y David García. Morales no hace prisioneros.
El último tanto amarillo hizo que brotase en nuestra compañera un llanto inconsolable. Un 0 - 3 es un golpe demasiado duro en tu primer partido de Osasuna. Aunque quien sabe si lloraba porque Aitor Fernández no paraba de recoger el balón de nuestras redes, porque la merienda había sido escasa o porque tenía el pañal perdido. Y es que Helena con sus 4 kilos escasos, sus 55 centímetros de altura y sus 29 días de edad no se acaba de explicar. Pero no pasa nada, tenemos toda la vida por delante para entendernos. Para decepcionarnos con Osasuna, pero, por supuesto, también para darnos interminables abrazos de gol.
Estas líneas son para ti, que gustoso me haces cambiar por unos días el asiento 121 por este sofá de Ikea.
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