El Síndrome de Amara
En agosto del 73 Jan-Erik Olsson intentó atracar el Banco de Crédito en Estocolmo tomando como rehenes a tres mujeres y un hombre que trabajaban en él. Durante el cautiverio los rehenes protegieron al asaltante de la policía de la misma manera que hoy hemos visto rojillos saltando ridículamente de espaldas en Anoeta. A lo sucedido en la capital sueca se le denomina Síndrome de Estocolmo y reputados psicólogos trabajan ya en lo que llaman Síndrome de Amara del que hay síntomas en las historias clínicas desde 2007.
El plan es claro y lo tienes interiorizado hace años. Autobús organizado o uno de la Conda hasta la estación de autobús nueva. Ahora ya no tienes que andar desde aquella que estaba en Amara y tu objetivo es albardarte a potes y comerte un bocata en el Juantxo. ¿Perspectivas futbolísticas? Ninguna. ¿Para qué? La patología se te incrustó en el cerebro con aquel gol de Aranburu cuando ya acariciabas un punto en enero de 2007. Vas a San Sebastián a ver colegas rojillos, a pagar lo que te pidan por una cerveza y a cantar "Txoria-txori" porque es tan bonita que incluso te prestas a las moñadas locales a pesar de que la mala hostia te está devorando el estómago.
Y si el Síndrome de Amara solo te afectase a ti, ni tan mal. Los que viajan en el autobús del equipo también llevan esa enfermedad dentro y la sensación de impotencia es evidente. Abrazos, saludos, jo, qué bonito os ha quedado el campo. Hasta el tifo con la efigie de Imanol se lleva buenas palabras, porque ni para decir que era horroroso tenemos narices cuando llegamos a Anoeta.
El partido recorre los derroteros habituales. Inventos tácticos, valladares defensivos pasando una mala tarde, nula reacción desde el banquillo ante el desastre organizativo y merodeos por el área blanquiazul con nulo peligro. No les hagamos daño, son buena gente. No hacía falta leerse los 124 números de Panenka para ver a los veinte minutos que el novedoso dibujo no hacía daño a nadie. Pero, nada, no vayan a darse cuenta de que estoy rectificando.
Nos tiraremos tuits a la cara un par de días sobre si Torres debió jugar o no y nos olvidaremos de que es bajar a Andoain y empezar a hacernos pequeños. ¿Cómo no les va a parecer en Guipúzcoa que el mejor derbi vasco es contra nosotros? Ya vienen los primos del otro lado de la muga a dejarse los cuartos y a palmar.
O nos tumbamos de una vez en el diván o el año que viene pasará lo mismo. Con resaca al autobús de Briones pensando en lo bien que lo hemos pasado, lo caro que es el gin-tonic en el Boulevard y el ridículo visto en el verde de 105 x 70. Pero muy majos todos.
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