De la piscina al Campo de San Bartolomé

    La vida en agosto era algo parecido a lo de ayer. De chaval esperaba con ansia el día de fiestas de Burlada en que Osasuna visitaba El Soto para jugar contra el Burgos, el Calahorra o el equipo de casa. Por la mañana un poco de piscina, ir a las vacas, comer y al campo con la libreta de pedir autógrafos. En el Campo de San Bartolomé de Ribaforada se veía la proyección de ese Jau 30 años después a través de las cámaras de Navarra Televisión. El niño con el polo de limón de esos en los que la incertidumbre de si habría otro gratis en el palo podía a su sabor, la madre que le avisa de que salude a la cámara, la cuadrilla de jóvenes chispos que cantan el repertorio completo de Graderío Sur en un amistoso, el abuelo que se asoma a ver el partido desde la ventana de su casa… La vida era eso.

Puestos a elucubrar me imagino que en el descanso sonó el Technosasuna y con algo similar a la certeza total os digo que empezada la segunda parte, una voz familiar para los asistentes habría dicho el número agraciado en el sorteo del jamón.

En el césped no pareció haber mucha cosa. Ansia de hacerlo bien y de agradar al entrenador y a la gente que se apoyaba en el muro y fallos Denominación de Origen Segunda Quincena de Julio. Pero entre tanto botellín de quinto y vasos de tinto de verano tan típicos de estas fechas en lo etílico y en lo futbolístico, sí apreciamos algún detallito. Un gin-tonic con ginebra prémium de Íñigo Pérez en forma de salida de balón esquivando contrarios, un chardonnay de categoría de Kike Barja que acabó en el palo y dos cambios de juego de Cote dignos de una Alhambra Reserva 1925 bien fría al sol de los treinta y tantos de la Ribera navarra.

¿El resto? Buenas intenciones, caras nuevas, bisoñas y para mí desconocidas que esperemos que en breve sean habituales y dos tipos, un conquense y un rosarino, que van a hacer que el murmullo del Sadar, ese que indica que futbolistas de rojo cabalgan hacia la portería visitante, se oiga mucho este curso en que parece que volveremos a vivir.

Vivir. Ponerte las gafas de sol y que no se empañen por la dichosa mascarilla. Ir a ver a tu equipo y hacer más caso a tus amigos que al verde. Se empieza a vislumbrar. En mi caso en forma de dolor en el brazo tras la segunda dosis de Pfizer de ayer. Y en varias casas de Ribaforada materializado en libretas con garabatos indescifrables por no escribir bajo la rúbrica el nombre del protagonista. ¿Pero a quién le importa hoy?

A todo esto… ganamos 2-1. Al Huesca.

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