Diego
El leitmotiv de este texto iba a ser Ané Carrasco, un percusionista gaditano al que vi el viernes en el Palacio de Ezpeleta actuando junto a Rycardo Moreno, virtuoso guitarrista flamenco, dentro del Festival Flamenco On Fire. Ané Carrasco da palmas, se graba y reproduce continuamente el ritmo, golpea el cajón con las palmas de las manos o los nudillos de la derecha en el lateral, tamborilea sobre la caja o percute esa especie de yembé o los platos. Conforme avanza el tema en el que Rycardo pone la esencia con su guitarra, Ané acelera el ritmo de golpeo hasta parecer que se va a caer del cajón, de la misma forma que Osasuna incrementaba el ritmo de sus acometidas una y otra vez sobre el arco de Ledesma.
Los tiros iban a ir por aquí, pero Diego me ha desmontado todo. Diego ha visto conmigo y con otro colega el partido con unas cervezas tras estar un tiempo currando fuera de España. Hemos gozado, nos hemos metido con los equipos rancios, hemos pedido la entrada del Chimy y otra ronda y hemos discutido sobre cuándo algo debe ser mano y cuándo no. Pero Diego me ha desmontado el texto en el 91 y en el 95. En el 91, con el magistral tiro desde los once metros de Torres, cuando no ha celebrado apenas el gol para decir "a muerte, ahora hay que ir a muerte" y en el 95, cuando la piña en el córner de los jugadores rojillos no ha tenido nada que envidiar a la nuestra sobre las mesas de la terraza.
Era la celebración de quien llevaba demasiados partidos festejando a un montón de husos horarios de aquí y que se ve en casa con los suyos; que las redes sociales y el teléfono están muy bien, pero, ya lo dijo Fernán-Gómez en el anuncio de Mahou que "no hay nada como el fútbol en el campo (o en el bar con tus amigos). Qué alegría. Ha habido que pedir la última, claro.
Y es que en el césped se veía un equipo que quería y no podía y otro que ante los suyos racaneaba de forma indigna. Gloria y honor a quienes se esfuerzan para conseguir sus objetivos; y no dejemos que esto suene a epitafio que también hay que decirlo cuando las cosas salen como hoy. Porque el equipo no ha hecho otra cosa que creer, creer y creer. Desde la portería, pasando por la defensa que ha salido en la foto en los goles amarillos, hasta la delantera con un incansable delantero conquense que ha metido uno y ha merecido más pasando por un centro del campo poderoso. Y si hace una semana se aportó poco desde el banco hoy toca decir que Torres ha sido capital en bastante menos media hora. Filtrando pases, marcando una pena máxima y centrando como los ángeles.
Corría el 94 cuando todo ha estallado como nos gusta. Un saque de esquina, las torres arriba, un centro medido y un defensa reventando el balón de cabeza al fondo de la red del Nuevo Mirandilla. Lo que nos gusta. Ni tiki-taka, ni glorias. Pelota bien puesta y cabezazo imparable. Lo que a Diego le gusta. Lo que le hace levantarse y abrazar a quienes tiene cerca. Lo que llevaba tiempo sin hacer y tan bien le ha sabido. El gozo de todos nosotros reflejado en una sola persona.
Mañana será otro día. Día de descansar y no pensar en el siguiente partido, que aún queda mucho. Osasuna pintaba bien y lo que es seguro es que nos va a dar buenas emociones. Ahí estaremos con las birras y ahí estará Diego, que este año no se va a trabajar a ningún lado. Ojalá hagamos muchas piñas de celebración.
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