Íbamos a Anfield Road y nos hemos entretenido en Penny Lane
Los estadios vacíos son esqueletos bastante tristes y, para mí, sitios desprovistos absolutamente de interés. Es por esto que no soy amigo de visitar recintos deportivos ya que si en ellos no hay actividad, no hay alma. No, tampoco he estado en el "nuevo" Sadar; veremos si hay suerte y entro este sábado. Me he saltado mi norma algunas veces, pero siempre en lugares que consideraba dignos de ello por razones históricas. Visité y animo a visitar el Estadio Panatenaico en Atenas (valga la redundancia) por ser una bellísima obra construida sobre un antiguo estadio griego para los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna; el Olympiastadion de Berlín, porque siempre es bonito ver dónde un negro le pintó la cara cuatro veces a toda la parafernalia nazi; y Anfield porque uno no puede evadirse de más de 100 años de mito y tiene cierta debilidad por los diseños del escocés Archibald Leitch.
Llegué a Anfield con un resacón de órdago tras haber estado el día anterior en Kingston upon Hull viendo el amistoso de Osasuna contra el equipo local, entonces recién ascendido a la Premier League. Ganamos 0-1 y el gol, que por razones que podéis imaginar me perdí, lo marcó Santi Ezquerro. Corría 2008 y no había Twitter, el Pleistoceno rojillo. Amanecí en Liverpool tras un horrible viaje en tren y me dediqué a ver una ciudad que me pareció horrorosa. Todo era forzado. Todo quería ser antiguo, original y beatleiano, pero la ciudad cantaba a pastiche en el centro, en el puerto y en el supuesto The Cavern, que no deja de ser un decorado para incautos turistas como yo. ¿Pero Anfield? Anfield era auténtico. Anfield representaba todo lo que me gustaba del fútbol en ese momento. La pasión, la historia, las gestas deportivas y los fracasos estrepitosos. El vestuario local más pequeño que el visitante, el camino al césped esperando el griterío de la grada, la hierba cuidada con devoción y, por qué no aceptarlo, las 'orejonas' de Keegan, Dalglish, Sammy Lee, Grobbelaar y Gerrard. La de Salah tardaría en llegar.
De la misma forma que a mí me impresionó el estadio, ha dado la sensación de que los focos del estadio 'red' han deslumbrado más de la cuenta a los jugadores de Osasuna. Teníamos que llegar a Anfield Road y nos hemos entretenido en Penny Lane, como símbolo de lo extradeportivo que ha rodeado el encuentro. Parecía que habíamos entrado bien, pero ha sido un espejismo. El Liverpool, que de suplentes iba como Osasuna, ha arrancado en tercera y nosotros en primera. No sabíamos por dónde nos caían los golpes, aunque notábamos que la banda derecha sufría. Los Firmino, Konate y Mimamino se llevaban cualquier balón dividido no por suerte, sino por intensidad y por calidad, porque no obviemos que teníamos enfrente a un hexacampeón de Europa que levantó la última Champions en 2019. No hablamos del Steaua, el Estrella Roja o el Olympique de Marsella; estos son campeones de Europa 'pata negra'.
Antes de darnos cuenta ya nos habían caído tres goles que han podido ser más y nos tambaleábamos como un púgil sonado. He temido una humillación ya que los jugadores del equipo inglés parecían querer hacer méritos delante de Klopp para seguir en la plantilla o apuntarse al once inicial del sábado ante el Norwich. Los nuestros han agradecido el pitido que marcaba el descanso. Todos menos Torres que, con razón, quería botar la falta que se nos había señalado a favor.
La segunda parte, con la entrada de Kike García, Budimir, Rubén García y Nacho Vidal ha sido más potable y nos ha permitido irnos a la cama habiendo paladeado un gol rojillo. Un buen tanto que Kike García nunca olvidará. La cuenta de goles locales ha podido ampliarse, pero el buen trabajo de ambos porteros (mención especial para Juan Pérez que ha tenido una primera parte muy muy buena) ha mantenido el resultado en 3-1. Además, el desempeño de la segunda parte ha permitido borrar el recuerdo del tren que nos ha pasado por encima en los primeros cuarenta y cinco minutos.
Ahora unas birras por Liverpool y mañana para casa, que lo importante es el sábado a las cinco de la tarde. Parece que todos los que han ido vuelven enteros, que visto el parte médico no es cosa menor.
A todo esto... ¿cuándo se sabrá algo del sorteo?
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