Nadie imaginó esto así
El director se removía en su silla del set de rodaje en cada toma. El elenco de actores hacía lo que le daba la gana y las interpretaciones distaban mucho de lo que marcaba el guion. El guion que él tenía en su cerebro y que había visualizado durante más de un año.
- A ver, Rubén, página 4. Aquí dice que en minuto 17 subes la banda hasta la línea de fondo y pones un centro a Kike García que remata fuera por poco. El público se levantará de los asientos como loco. Venga, grabamos otra vez.
...
- No, no, no y no, Ortiz Arias. Tienes que señalar el final cuando en el marcador ponga 2-0 y la gente esté entusiasmada. Entonces das tres pitidos y sonará el himno de Los Iruña'ko. Ay... qué desastre. ¿Por qué nada sale cómo estaba planeado en nuestras cabezas? Veeenga, otra toma...
Ya tenéis el resumen del Osasuna - Espanyol. Habíamos esperado con tanta intensidad la vuelta del público a nuestro campo que, o todo salía bien, o el regusto iba a ser amargo. Y fue amargo o al menos agridulce, porque a pesar de que el equipo transmitió buenas sensaciones y daba la impresión de que las ocasiones podían llegar en cualquier momento, el engranaje funcionaba a trompicones. Continuamente aparentaba griparse por falta de lubricación; esa lubricación que dan los minutos de juego real y de automatización de movimientos. Algo completamente lógico con una sala de máquinas sin rodaje en pretemporada o con una de las alas ejerciendo funciones dobles que sin duda limitaban su potencial ofensivo y ponían en riesgo la seguridad defensiva. Por contra se puede decir que las piezas de repuesto introducidas en el once, si bien no permitieron poner el vehículo a las máximas revoluciones, si consiguieron que llegase al destino sin demasiados problemas.
A todos les faltó algo. También al rival al que no se puede calificar de típico recién ascendido con papeletas para volver a la categoría de plata. Raúl De Tomás (me niego a usar ridículos acrónimos 'cristianescos'), Embarba, Diego López, Cabrera o Wu Lei no son primeros espadas, pero tampoco matadores de feria de pueblo pequeño. Y, para redondar la faena, quien debía impartir justicia demostró su poca experiencia con decisiones extrañas y que descentraron a los verdaderos protagonistas. Miguel Ángel Ortiz Arias tendrá que mejorar, pero tampoco le lapidemos, que debutaba ayer en la máxima categoría.
E incluso el público se encontraba fuera de sitio por la falta de ese director de orquesta que en el teatro del Sadar se llama Indar Gorri. Porque sí, todos decimos que animamos muchísimo y nos desgañitamos y tal y cual..., pero la verdad es la que es y en días como el de ayer el mensaje que deja el silencio es ensordecedor.
La introducción de todos estos componentes en la coctelera de los noventa minutos solo nos puede dar como resultado el que se dio; un 0-0 tirando a tostón que deja una resaca de la que al menos podremos quitarnos antes de lo habitual. En ocho días nos vemos contra el Celta en Preferencia Cubierta, si es que la suerte tiene a bien señalarnos.
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