Rueda de reconocimiento de culpables solo con rojillos

Cerca de las seis y cuarto de la tarde Ricardo De Burgos Bengoetxea pitaba tres veces y todo empezaba a surgir en mi cabeza. Los dos gin-tonics de ayer, de los que quizá me sobraba el segundo; la hora de llegada a casa, seguramente demasiado tardía; la botella de Petit Bourgeois que nos hemos tomado en el Rex y la perspectiva de las ocho horas de mañana delante del ordenador en Sarriguren. Todas esas cosas que la euforia enmascara cuando tu equipo gana al rival. Y es que no hay analgésico para la resaca como un gol de Osasuna en el Sadar. 

Pero prácticamente todo ha salido mal y bajando por la escaleras ha comenzado la búsqueda de culpables. Digo "prácticamente" porque el buen arranque rojillo lo he leído en Twitter debido a que a alguien se le ha ocurrido que si en tu entrada pone "PUERTAS 26-29", sólo puedes entrar por la 26 y la 29. Un alguien que nunca ha mandado a imprimir nada desde una computadora. Pues eso, que el gol de Moncayola me ha pillado subiendo infinidad de escalones. 

Volviendo a los culpables, el primero que ha surgido es el árbitro. Penalti concedido y anulado, criterio en las amonestaciones irregular y gol anulado a Brasanac cuando el portero georgiano ha reconocido su cagada con la ausencia de protesta. Pero el colegiado bilbaíno no ha sido el culpable del descalabro. Es malo como lo son muchos futbolistas, pero hasta ahí. 

¿Es responsable de la derrota algún tipo de abuso del reglamento? Tampoco. Las pérdidas de tiempo ches han sido las normales y el juego se ha mantenido en los cauces habituales. ¿Y la suerte? ¿Ha influido la fatalidad en el 1-4 que campeaba en el marcador al final? Pues, hombre, el gol de Guedes es tirando a churro pero, ojo que va perogrullada, para meter goles, hay que chutar como ha hecho el futbolista portugués.

Solo se puede mirar a casa y valorar el buen hacer del rival. Hemos estado mal y en la rueda de reconocimiento de posibles culpables salen solo rojillos. Desde Herrera hasta Kike García pasando por Arrasate. Bordalás nos ha comido la tostada y además hemos adolecido de una falta de rasmia desesperante en algunos momentos. El cuarto gol valencianista es el ejemplo de falta de tensión de los últimos minutos y si Correia llega a marcar el quinto de forma maradoniana ante la pasividad general quizá habríamos oído algún pito en vez de los bienintencionados y algo naífs aplausos del final. Y es que mi reacción de hoy ha sido de silencio ante lo visto. No pitaré o abuchearé a mi equipo ante un mal resultado, pero a mí hoy no me salía aplaudir a nadie.

A sacar conclusiones del desastre de hoy; para eso están los técnicos. Mendizorrotza está a la vuelta de la esquina y ahí volveremos a estar en espíritu los aficionados. Porque lo de hoy un resbalón. Un resbalón que ha acabado en trompazo, pero solo un resbalón.

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