Envidia sana mis cojones
Como Caín y Rómulo, pero sin cometer asesinatos. Bueno, ya veremos. Envidioso en grado sumo es como me siento tras un breve periplo por el centro de Pamplona entre la Avenida Baja Navarra, la calle Paulino Caballero y Cortes de Navarra. Y nada de envidia sana, que no es más que disfrazar de bondad la envidia normal y corriente de toda la vida. Envidia insana absoluta.
Y es que desde el 13 de septiembre lo venía rumiando y haciendo un trabajo de autoconvencimiento de que no pasaba nada. No hay como pensar que el partido es a las dos de la tarde para hacer creer a uno mismo que perdérselo también es una buena opción. Y es que tal día como hoy tengo otra cita que me impedirá estar en tres cuartos de hora en mi localidad de Preferencia Cubierta (o como se llame ahora) así que llevo tres semanas con un duro proceso personal para que hoy vengáis vosotros y lo jodáis.
¿Cuántas camisetas rojas podía haber ahora mismo en el Segundo Ensanche? No quiero imaginarme el Casco Viejo o los alrededores del campo. ¿Cuánta gente esperaba la villavesa en la Bajada de Labrit? ¿Cuántas fotos de albóndigas, huevos y botellas de rosado me han llegado al WhatsApp? Me pongo en vuestra piel, que no en vuestro hígado, y me corroen las ganas de estar ahí. Y es que tiene pinta de que se junta todo justo ahora: el "final" de las restricciones pandémicas, el diazo que ha salido para gozar en camiseta y gafas de sol, el típico tuit de la alineación (paréntesis de servicio público: salimos con Moncayola, Torró y Brasanac en el 'trivote') y la consciencia de que el día del Granada estaré en una boda en León.
Ya podéis llenarme el WhatsApp y el Twitter de mensajitos de que metemos goles, ganamos y además disfrutáis, porque si además de pasarme por el morro vuestras magras con tomate no se gana al Rayo, me voy a acordar de este día.
Y es que Gregorio I, que llegó al papado en 590, hizo estupendamente en poner negro sobre blanco la lista de los vicios en que el cristiano (él no concebía otro ser humano decente) no debía caer. La lujuria, la ira, la soberbia, la avaricia, la pereza, la gula... y la envidia. Sé que no es sano pero hoy prometo caer en otro, que me tengo que desquitar de la envidia que me habéis hecho pasar. Pecaré un poquito más, echando un poco de gula a la conciencia y buenas viandas, algún buen caldo y quizá un gin-tonic al buche, que no se cumplen 75 años todos los días. Y a Gregorio I que le den.
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