Puedes perder mil partidos, pero jamás el alma
Alejandro González Iñárritu dirigió en 2003 a Benicio Del Toro, Naomi Watts y Sean Penn en una película titulada "21 gramos". Era una de esas películas muy suyas para las que, o lees a la mayoría de filosófos alemanes del siglo XIX o no hay Dios que la entienda. O ni así. La vi en el cine y me aburrí soberanamente. El caso es que (alerta destripe de una película de hace casi 20 años) la película gira en torno a la tesis de que veintiún gramos es la masa del alma, algo teóricamente medible cuando un ser humano expira.
Pues bien, si Osasuna pasase hoy al otro barrio y pusiésemos el cuerpo del león del escudo en una balanza, no veríamos variación alguna en el fiel metálico. La cosa esa que yo me imagino en algún lugar del tronco con estado gaseoso o de aerosol azul brillante hace tiempo que desapareció de nuestro interior y nos convierte en predecibles, en zombis que esperan que por arte de magia el balón acabe dentro de la portería rival. Y con ese punto de partida a lo más que podemos aspirar es a que los otros no metan y a rascar uno de esos puntos que no seré yo quien niegue que algunos días saben muy buenos.
Pero una cosa es una cosa y seis media docena, que diría un colega de Lodosa. Que esta deriva ya dura demasiado y está ocurriendo contra equipos contra los que la ambición debería ser condición sine qua non para enfrentarnos a ellos. Ayer, con cuatro bajas de gran relevancia, no había excusa para no salir con ambición a por un Getafe que no le ganaba a nadie. Tocaba ponerse el mundo por montera y salir a por ellos como mensaje interno de "chavales, podemos" y externo a la afición y a los rivales de "aquí estamos nosotros". Pero no. Nos pegamos la primera parte como esos boxeadores que se marcan y chocan ligeramente sus guantes mientras dan vueltas dentro del cuadrilátero dejando pasar los asaltos. La estadística mostrada en la infografía de la televisión era clara: posesión al 50 % para cada equipo. David Soria y Sergio Herrera pararon un par, sí, pero quizá con posturas más para la galería que otra cosa.
Pierdes el alma y lo pierdes todo. Puede parecer una bobada, pero sin idiosincrasia te conviertes en uno más. En algo sin espíritu y sin meta. Irreconocible entre la marabunta porque además, tu alma es lo que te hace reconocible ante los demás. Lo que asusta al rival y que teme la afición contraria. Un poquito de Barja y dos arrancadas de Ávila. Darko justo de físico al final y más pintor de brocha gorda que de trazo fino que no da para conectar con los de arriba. Y, claro, los azulones se vienen arriba y al final te encierran y para adentro. La cara de tonto no te la quita nadie, pero es una cara de tonto que se te queda por engañarte a ti mismo. Lo tienes merecido.
Las vacaciones nos van a venir bien a todos: jugadores, técnicos, directiva y aficionados. Y a ver si Lisa Simpson nos recompra alma que, como Bart, vendimos a algún Milhouse al creernos seguros en la cima de los veintipico puntos en noviembre. Bart lo pasó tan mal como nosotros y solo se tranquilizó cuando se tragó el papel donde ponía "Bart's soul". Va a tocar tragar papel.
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