Un mal osasunista por un ratico

empatía

A partir del gr. ἐμπάθεια empátheia

1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien.
2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

    Que no lo digo yo, que lo dice la Real Academia Española. Y si en algún momento entre las siete y las nueve de ayer no lo sentiste es que, tío, no tienes corazón. Y es que he recorrido un montón de campos siguiendo a Osasuna y el resultado que se dé muchas veces es el menor de los problemas y, si existe alguno, se arregla abrazándote a tus colegas mientras celebras un gol. Pero sin gol... ¡ay! Puedes dominar, tocar, hacer un planteamiento serio, defender en bloque bajo aka "poner el autobús" de puta madre... pero nada se equipara a celebrar un gol. Mil pases horizontales y una fantástica imagen al mundo por televisión jamás se igualarán a un centro al área con su consiguiente barullo y un gol de rebote. Es la sublimación del balompié. Donde reside el éxtasis no por el juego sino por tu equipo.

    Y ayer, más o menos desde que Ontiveros metió el golazo ese desde su casa, quise que ocurriese lo contrario. Quise que Joselu marcase a pase de Riki, Gali o Lucas Nitz para alegría de toda esa gente de San Agustín del Guadalix que presenció el partido más importante de su historia hasta la fecha. Porque por un rato quise ser uno de ellos: pasar frío en la grada o en el balcón, ir a mear al baño portátil e ilusionarme con las arremetidas de los de blanco. ¿Por qué Joselu? Porque el 19 hizo el partido de su vida, un traje a Cote en forma de caño en la segunda parte y trajo por la calle de la amargura a Aridane en la primera. Se merecía el regalo en forma de gol por DAZN para enseñar a los nietos. Y es que se va a acordar mucho tiempo de Osasuna y de Darío. Eso sí, pídete otro número, anda, que el 19...

    ¿Fui un mal osasunista durante 20 minutos? Pues quizá, pero solo si no entendemos también el osasunismo como una pasión que nos debe hacer recordar de dónde venimos y cómo nos hemos sentido en otros momentos de la historia.

    Pues eso, empatía por el San Agustín del Guadalix es lo que sentí en el partido. Porque mi equipo se desempeñó con mucha más pena que gloria y al final cumplió el expediente al golear a base de físico a un equipo que en el minuto 60 estaba fundido, algo normal dada la diferencia de preparación. Jagoba traía mala cara del vestuario en el descanso y con razón ya que quienes debía reivindicarse no lo hacían superados por las revoluciones madrileñas. Tiene pinta de que o hubo bronca en el vestuario o, al menos, un "esto lo arregláis vosotros". 

    Lo arreglaron. Barbero de rebote, Torres en una bonita combinación, Ontiveros con una buena pera y el Chimy cuando el partido agonizaba y el oxígeno no llegaba ni a las piernas ni al cerebro de los rivales. Pero para mí la imagen más bonita no fue la de las celebraciones, bastante comedidas por cierto (y me parece bien). Fue el cariño que destiló Arrasate hacia Rodolfo Urías, entrenador local, al llegar el pitido final. Un profesional y un aficionado, pero ambos técnicos de un grupo deportivo y humano. 

    Lástima que no marcó Joselu, pero, chaval, no te agobies. Hazle dos al Canillas A este fin de semana.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Explicando el Osasuna - Villarreal a mi nueva compañera de piso

El Síndrome de Amara

Comida familiar tras una farra de cojones