Cuando hablan los mayores hay que escuchar
Ya sabía yo que no iba a ver ni hostias. Empezando porque mi hermana iba de mañana y está feo comer antes de que llegue si sois solo tres. Y gracias que he visto la segunda parte. Y gracias también que no hemos visto más. Soy de esos maleducados que tiene el móvil en la mesa y ya he visto que para el minuto 6 un tipo que no recuerdo nos había marcado. Informo a la mesa: a mi hermana se la suda (bastante ha tenido con currar un festivo en Virgen del Camino) y mi padre emite un bufido que significa "yo ya sabía".
A mi padre le había calentado un poco en nuestro vermú en el salón. Que si el Chimy contra el Athletic, que si no le metemos gol a nadie... Y es que llevaba mucho tiempo sin ver un partido con mi padre y es una experiencia irrepetible. 75 años de afición al fútbol sin haberlo practicado pero sí gestionado. Años de quitar nieve en el Soto y tiempo a su familia como directivo primero y presidente del Burladés después. Viajes a Barbastro, Soria y Miranda de Ebro en "la Tercera de entonces". Tardes de cruzar los dedos para no tener que pagar la prima por ganar fuera de casa con un dinero que... no existía. Y todo eso después de salir de la obra de poner tubos y calderas y subir radiadores de hierro fundido; esos que le han dejado de recuerdo dos caderas de plástico y una columna operada.
Pues eso, que nos ponemos y empieza el recital en Montilivi y en el salón de su casa de Burlada. "¿Pero a quién van a ganar estos?", "Esas entregas al contrario, ¡pero si parecen el Casetas!". Avanzaba el partido y menguaban la botella de vino de Alcanadre y de cava de Mendavia mientras Osasuna daba bastante asco. El Girona, entiendo que fiel a su estilo, nos meaba saliendo con el balón jugado desde la portería. Los del filial gerundense no desentonaban y los nuestros pensaban en el viaje seguramente sin haber visto la maravilla gótica de la catedral o el puente de Eiffel sobre el Ter. Las llegadas más peligrosas eran de los franjirrojos y mi padre se empezaba a calentar. "Este Unai García si por lo menos no nos mete gol en nuestra portería como otras veces...", "¿y ahora el tronco este del Eibar?".
Dos cigarros después despreciaba cualquier comentario mío que animase a la remontada. "¿Pero qué dices? ¿Estos? ¡Qué van a remontar! Venga, venga, por favor, José María (así me llamo, sí)." En los últimos diez minutos hemos tenido tiempo para analizar el mercado de invierno. "Osasuna tiene que hacer una limpieza ahí... entre el García (Unai) y el largo (Kikeyí)... a ver el defensa derecho ese, cómo es... Vidal. Al Burladés. No cobrará, pero al menos no hace las pifias que se pega en Osasuna.", "¿Pero a este Raúl García (sic, se refería a Rubén García) qué le pasa últimamente? ¡Si no está ni para el Avance de Arre (el nombre de Avance Ezcabarte es "relativamente" reciente).
Llega el final sin meter ni miedo a Juan Carlos y el narrador anuncia que "Osasuna ha caído". "¡Pero que va a caer, ¡si lleva dos meses caído!". La faena antes del último pitillo la remata con un "si casi es mejor que baje, porque de esta manera esto es una hostia...".
Casco un poco con mi hermana de los Reyes, de la biografía de Unzué que me ha caído allí y de su vida y aparece él de nuevo por la puerta.
- ¿Cuándo has dicho que juega otra vez Osasuna?
- El domingo a las seis y media de la tarde en casa contra el Cádiz. - respondo.
- Patricia, ¿de qué vas ese día?
- De mañana.
- Ah, bien, así me pones el Plus, que ando un poco pez.
Hay vida. Hay que espabilar y mucho, pero hay vida. Os lo dice José María Jaurrieta Ariztizabal, mi padre, que ya ha preguntado por el próximo.
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