Dieciséis años no es nada, qué febril la mirada

 "Aún lo recuerdo perfectamente, hijos míos." - tose. "Ricardo; los Flaño, Cuéllar, Corrales; Delporte, Valdo, Raúl García" - vuelve a toser. "Puñal; Milosevic y Webó. Con esos le ganamos la última vez a la Real en Anoeta." Los nietos, y algún biznieto, se aburren al escuchar la cantinela del viejo que rememora todos los años en Navidad. De noviembre de 2005 hasta el infinito y más allá.

    Y es que siempre se repite la misma historia. Oh, sí, qué buen rollo entre aficiones, oh, sí, qué buenas cervezas en la calle Portu, oh, sí, qué buena relación entre entrenadores, oh, sí, qué partido inane de Osasuna que vuelve a no ganar. Hay algunos detalles que van cambiando, eso sí. Ya no llevas cervezas para el autobús, respetas escrupulosamente las normas que recita el chófer de llevar la mascarilla y ponerte el cinturón y cambias lo Viejo por Gros para los potes y el bocata del Juantxo por un restaurante junto al Buen Pastor. Pero la poca rasmia ante el hermano guipuzcoano que te convierte en primo se mantiene; esa que no falte. El no chutar, el no bregar, el no empujar... eso es marca de la casa al visitar San Sebastián. No vayamos a perder la esencia.

    Ante la peor Real de la temporada saltamos al césped sin pasión, a pesar de que la grada, infeliz de ella, siempre pasa el torno pensando que esta vez sí, que ya toca. Pues no. Un Osasuna diluido y sin fe que ni siquiera la tenía para pedir al árbitro que reconsiderase alguna de sus decisiones. Pero, claro, qué vas a pedir cuando no ha habido nada. He leído que en la primera parte Rubén tuvo una. Ni me acuerdo, para que veáis la entidad de la ocasión... Ellos tampoco son el Brasil del 70, pero te llegan alguna vez más y en una de esas pues para adentro. Ves el gol y acto seguido todos se vuelven hacia a ti y saltan al unísono en una de las celebraciones más incomprensibles que se recuerdan en un campo. Al final en un espejismo fruto de que estás lejos y eres miope celebras un gol de Nacho Vidal que debía de estar en fuera de juego flagrante. La cara de tonto no para de mejorar. Lo único bueno es que como cada vez tienes más canas y ya no llevas la priva de casa mañana la resaca será más llevadera.

    Treinta y dos puntos a falta de doce partidos. A once del miedo y a nueve de ilusionarnos. Mucho margen a ambos lados. Nos va mejor tener una soga en el cuello y una trampilla bajo los pies. Aunque en Anoeta casi igual da. Una experiencia a la que, como Carlos Gardel, no dejamos de volver.

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