Chubascos de la descarga fría postfrontal
Había encargado merluza y salmón al pescatero por WhatsApp el viernes por la noche y el sábado fui con mis dos táperes a recogerlo a eso de las nueve y media de la mañana. Pisé la nieve caída por la noche y vi a la Korrika pasar por encima del paso de peatones de Bernardino Tirapu, 25. Con su "ttipi, ttapa, ttipi, ttapa, Korrika" y su "hemen gaude euskararen alde". Recogí lo mío, lo pagué, pregunté hasta cuándo dura la temporada de anchoa y volví para casa. Salí a los cinco minutos de nuevo para ir al supermercado y, de repente, el tiempo fresco pero soleado se había convertido en una ventisca desagradable más propia de Novosibirsk que de Pamplona. Llevé mi carro Rolser como pude hasta el súper, compré leche, pan de molde de ese con semillas por encima y galletas Tosta Rica y a la salida la calle Raimundo Lanas tenía un aire a Tenerife Sur, con un sol agradable y nulo movimiento de aire. Ya de vuelta en el sofá, miré por la ventana y volvían a caer filusillas de nieve. ¿Qué cojones?
Pregunté por Twitter, que con un poco de suerte puede ser la Enciclopedia Britannica o unas risas (y sin ella quizá un estercolero) y Urko Jalle, meteorólogo de Diario de Noticias, me dijo que a eso se llama de manera científica "chubascos de la descarga fría postfrontoal". Pues eso es lo que he vivido yo durante el Betis - Osasuna, aunque con más rato de precipitación que de sol. He puesto todo de mi parte para ser optimista, he querido creer que los sustitutos de Fekir, Canales y Borja Iglesias eran poco menos que cadetes y veía posible rascar un punto o más en Heliópolis. La cosa ha empezado soleada con varios saques de esquina rematados con sorprendente libertad por Budimir. Osasuna llegaba, el Chimy era incisivo por la derecha, no se remataba claramente, pero se llegaba. Al instante, nubes sobre el Villamarín, espectáculo defensivo rojillo, la mujer barbuda, la cabra que se sube encima de la silla y al descanso dos goles abajo. El tembleque de las piernas ha comenzado con la salida en falso de Herrera ante Ruibal. A mi parecer y el del árbitro o ha habido nada punible en la jugada, pero mentalmente ha afectado. El primer gol de Juanmi con Juan Cruz lesionado y el despeje con la diestra de Nacho Vidal es de coña. El segundo, cuando ya se veía el descanso, ha denotado falta de tensión. Lo que no se negocia.
Y tras un buen centro de Cote, ya en la segunda parte, los chubascos paran y Budimir como si de un putt de golf se tratase nos da la esperanza necesaria. Tal es así que apretamos y la grada verdiblanca se acojona, según me confirman desde Sevilla. Osasuna metía miedo y ya solo había un gol de diferencia. Pero las descargas frías postfrontales son así. Lo mismo te dan ratos de claro como ratos de nubes y el intervalo de buen tiempo ha durado los diecisiete que van del remate del croata al gol maradoniano de William Carvalho. Casi habría dado igual no ponernos delante, porque para lo que hemos hecho... ¿Y el de Álex Moreno? Moncayola, que no es lateral, no cierra y su homólogo bético le hace un caño a nuestro central entre el punto de penalti y el área pequeña. De coña. Llovía sin parar y así hemos llegado al final.
La primavera en Navarra tienes estas cosas. El tiempo es cambiante. Y a Osasuna le sienta fatal cuando no se juega cosas. Ya dice Rafa Aguilera que cuando no estamos con el agua al cuello no damos lo mejor. Hoy se ha visto. Si le ganamos al Alavés saldremos del campo tan contentos. Así somos nosotros también, como una descarga fría postfrontal: si perdemos estamos jodidos, si ganamos, se nos olvida todo lo anterior. A ver si se acaba esto ya, que es un coñazo lo de ilusionarse para nada.
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