Goles curativos y goles matemáticos

    Hay ciertas cosas que son fijas en la Tierra. Que en los solsticios el sol incide perpendicularmente contra el suelo en los trópicos, que el año dura 365 días, 6 horas, 9 minutos y 9,76 segundos y que si a Osasuna le sacas un córner cerrado le metes gol. 

    Creo que Francisco se ha pegado algún día esta semana entrenando solo esa jugada porque malo sea que no saques un córner en todo el partido. Hora y pico dale que te pego botando saques de esquina cerrados. La sesión de vídeo fue el gol que nos metió el Atlético en bucle. El que nos marcó Fidel en el partido de ida y que les dio otro empate a uno lo enviaron como gif en el grupo de WhatsApp de la plantilla. 

    Me he enfrentado al partido con una mezcla de pereza y resaca. Las dos de la tarde de cualquier domingo es la hora de echar un vermú o la siesta del carnero. No es hora de jugar, ver ni comentar fútbol y menos si una pamplonesa y un inglés ya casi escocés han decidido casarse justo el día anterior en Puente la Reina. Tenía algunos nubarrones en el cerebro que he decidido dispersar con un 'spritz' en Espoz y Mina antes de enfrentarme al Elche - Osasuna. Un clavo saca otro clavo. Y ciertamente el aperitivo ha hecho efecto y me lo he pasado pipa con un partido poco brillante pero competido con dos equipos que lo intentaban sin ser incisivos. El balón circulaba de una área a la otra sin solución de continuidad, pero en los últimos metros ambos ambos contendientes competían por ver quién lanzaba el balón más alto o quién era capaz de realizar el centro más pasado. Ceremonia de alabanza a la inexactitud.

    El sol que atizaba inclemente a la grada del Martínez Valero se ha presentado en mi cabeza con el gol de Budimir. El sexto gol en seis partidos del croata ha hecho desvanecerse a los vapores de vino y whisky y es que el gol hace que se nos pasen los males. Hasta que en el 84 Francisco lo ha visto claro cuando el balón ha salido por la línea de fondo. El trabajo de la semana iba a dar sus frutos. Seguro. Era una cuestión matemática. Dos más dos son cuatro. Cuatro por tres son doce. Córner al primer palo contra Osasuna es gol. 

    Y así nos hemos ido a casa. Con un empate que aleja Riga un poquito más de esos 3128 km que dice Google Maps que hay desde mi casa por carretera. Un empate tras ir ganando que hace que un dolorcillo vuelva al hemisferio izquierdo de mi cabeza recordándome que Irene y Dave se casaron ayer, que van a ser muy felices y que cómo nos gusta celebrar las buenas noticias con caldos de la tierra. De la de aquí y de la de allá.

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