Fútbol con olor a Nivea factor 50

    La verdad es que lo de hoy me motivaba tan poco que he acabado enchufando YouTube cuando quedaba media hora. Y es que uno se harta de estudiar cosas de arameos, escitas y sumerios en pleno julio. Así que pasadas las ocho me he plantado junto al gato a ver el clásico Real Sociedad - Osasuna de pretemporada que se viene repitiendo desde que Asurbanipal gobernaba en Asiria.

    La canícula lo invadía todo. Mi cerebro. La retransmisión sin un triste narrador y de una calidad dudosa. El campo típico de ciudad deportiva de entrenamiento. El murmullo de críos que se colaba. Daba la sensación de que la gente, perezosa como yo, había ido a Zubieta directa de la playa; con los cubos y el rastrillo en el maletero y arena en las chanclas tras pasar el día en la Zurriola. Día de llevar a los niños al fútbol, que es gratis y a buena hora.

    En el césped un Torres voluntarioso, un Herrando gigante en lo físico y un Barja percutor. Todo como viene siendo habitual, pero la verdad es que sobre el verde tampoco pasaba nada reseñable. Kike Yi cual porteador del Himalaya llevándose a dos a cuestas, Brasanac con el mono de trabajo y Areso al que se le ve que le faltan cosas. Cantaba Julio Iglesias aquello de "La vida sigue igual" y yo no sabía si estaba en 2022 o en 2021. Bajo palos parecía haber un tipo nuevo, pero no lo tenía muy claro no sé si porque no conozco a los jugadores o porque lo pixelado de la imagen ha hecho aumentar mi astigmatismo.

    Otra sensación que no cambia es que ante la duda fuera de juego. Pobre Darko Brasanac, con lo bien que hay pillado el rechace del chutazo de Barja al palo. Y qué pobre Kike García que ha visto cómo el portero txuriurdin se lo llevaba por delante, pero aquí paz y después gloria, que los chavales de la grada tienen que recordar con cariño esta tarde de calor pegajoso con olor a crema para el sol en las gradas de Zubieta. Y bien contentos se han ido quienes han visto el gol ya que parte de la parroquia errealzale tomaba las de Villadiego antes del pitido final, no les vaya a pillar atasco en la rotonda de Lasarte.

    Rumbo al vestuario Roberto Torres protestaba al árbitro las acciones de latrocinio caliente por la derrota final. La vida sigue igual. Veremos si el conjunto del verso de la canción del exportero del Real Madrid se cumple para el de Arre:

Siempre hay por quién vivir, por quién amar,

siempre hay por qué vivir, por qué luchar.

Al final las obras quedan, las gentes se van,

otras que vienen las continuarán.

La vida sigue igual. 

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