En el barril del Juanito mirando al Europa

     María Ángeles Elizalde me trata como a un rey. Siempre que un amigo residente en Madrid vuelve a casa por unos días, echamos el ancla en un barril en la esquina entre Estafeta y Tejería y no la levamos hasta que no hemos arreglado el mundo en compañía de unos vinos.

        - ¿Has probado el 'cuvée especial' de Sada? - me dijo la última vez.

        - No, sácanos dos copas, por favor, que suena muy bien.

    Y así, en un viaje entre la comarca de Sangüesa y Ablitas con transbordo delicioso a la par que extraño en Villamayor de Monjardín, atacamos a las manos de ministro y a los menudicos. Sabores y lugares que no se deben perder como los torreznos y los platos combinados de La Raspa dos calles más abajo. Allí, en la calle Merced, entre el murmullo de los parroquianos y los gritos de alguna cuadrilla curda, surge por encima de todo la voz de Ramón. "A veeeeeeeeer, pasoooooooooo". 

    Pero desde el barril del Juanito se ven ventanas tras las que las sartenes y las cazuelas llevan serigrafiadas estrellas de una marca francesa de neumáticos. Las fotos de famosos, famosillos y famosetes pueblan el espacio entre salones y la paz y la delicadeza lo inundan todo desde la copa de cava que te sirven para comenzar a los petit fours de los cafés. En medio, arroz meloso con licuado de verdura, chipirones, brotes de hortaliza y alioli de azafrán o pichón de Araiz, pechuga asada con su muslito guisado al estilo tradicional y bombones de patata violeta envuelta en tierra crujiente de arroz venere. Porque seremos normalmente de huevos con pimientos, pero una delicatessen así no le amarga a nadie de cuando en cuando.  

    Y es que al Osasuna de las exquisiteces nos estamos acostumbrando poco a poco. El gol fue un plato con muy variados ingredientes que en conjunto suponen el éxtasis del fútbol. Cocinar un pase sin mirar de Rubén García con la pausa de Moi Gómez y el arrebato final del Chimy da como resultado una combinación de la que quieres repetir. Y lo haces, pero ahora el cochinillo de Segovia a baja temperatura con perlas de cebolla y boniato asado es una jugada con taconazo incluido entre los mismos protagonistas que Budimir extrañamente no emboca a gol. Y más, y más y más. Teja crujiente del Chimy en la segunda parte, combinado de tataki y tartar de atún rojo de Barja o Pablo Ibáñez o lomo de merluza con su pilpil y kokotxa confitada en forma de la volea de Torró al poste.

    Parece difícil no embriagarse por esos sabores y querer siempre estar probándolos, pero llegas al final y la cosa pende de un hilo. 0 - 1, minuto 85 y córner para ellos. Y entonces ves que el Europa es una pasada y cuanto más vayas mejor, pero que tu centro de operaciones son La Raspa y el Juanito y que el día que te olvides de eso lo pasarás mal. Que son los Brasanac, los García, Nacho Vidal y Juan Cruz. Salir al corte de ese último balón o cruzarse de forma expeditiva sin florituras ni gestos de cara a la galería son una copa de un buen tinto joven y una o más raciones de callos. Saber de dónde vienes te salva la tarde, la noche y un montón de puntos. Lo primero es lo primero. Si luego catamos algo de los Idoate, pues muchísimo mejor. Por fortuna hasta ahora tenemos de todo en la carta.

     

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