La típica resaca de fiestas de Villava

    Primer y segundo findes de octubre: fiestas de Villava. Pero no se confundan que el primer fin de semana empiezan en sábado. Estaban marcados en rojo en el calendario. Ya habíamos vuelto al cole o a la uni y tengo un gran recuerdo de ellas a pesar de ser de Burlada. Entre los Jubilados, el frontón, el Beti y las txoznas pasábamos horas bien regadas y de ahí, por suerte para mí por una vez, andando a casa. Aunque al día siguiente pasaba lo que pasaba, un resacón de cojones como el que suele tener Osasuna al volver a casa tras un buen desempeño en el Bernabéu.

    Normalmente te levantas bien. Bueno, tú crees que estás bien. Desayunas y pones buena cara a tus padres que llevan ya un rato levantados. Miradas por encima del periódico o bajo la campana de la cocina. Y tú una sonrisa de oreja a oreja. Más o menos como Osasuna ayer, que empezó estirado con ocasiones de Kike García y regates de Aimar Oroz. Pero las ojeras superaban a la sonrisa y las imprecisiones y los desajustes no tardaron en aparecer. 

    Como cuando notas las manos torpes o el zumbido 'resaquil' se apodera de tus oídos y te hace sentir que realizas cualquier acción a cámara lenta. Tocas cualquier cosa y tus sentidos del tacto y de la vista parecen estar desacompasados. Nacho Vidal y Aridane lanzaban más allá de la cal lateral balones sencillos. Con una salida de sitio de Unai García que Moncayola no fue capaz de cubrir, llegó el primer pinchazo en la cabeza que te atraviesa el occipital y que te hace recordar la ronda de chupitos que sacó Iban. Tú no querías porque sabías lo que iba a pasar y pasó. Asistencia de Cavani a Kluivert y eso ya no lo arregla el ibuprofeno de 600 miligramos que tienes escondido por ahí.

    Pasan las horas y solo quieres que termine la comida en la que tu padre, plenamente consciente de lo que te ocurre, no para de hablarte, de pedirte reflexiones acerca de las noticias del Telediario y de preguntarte por tus amigos. Tú solo quieres que llegue el descanso de la siesta ya que seguro que tras echar una cabezada y ordenar tu cerebro, todo funciona mejor. Despiertas zombi mientras en la tele se disputa el Giro de Lombardía y detectas ciertos movimientos en el estómago que no presagian nada bueno. Evitas el contacto con tus semejantes en casa para tratar de impedir cualquier engranaje mental que sabes que solo te va a herir. Los fallos motores continúan y hasta Aimar Oroz es incapaz de entenderse con Rubén Peña y Ávila mandando el balón al túnel de vestuarios. Todo mal. De la misma forma que sientes que pierdes neuronas a cada giro de cuello, ves cómo pierdes futbolistas para lo que queda de encuentro y el de Villarreal. Y el tipo con menos pinta de futbolista que ha pasado por tu césped te remata. Todo fatal.

    A ultimísima hora de la tarde te das cuenta de que la sinapsis vuelve a funcionar. Vas recordando cosas de la noche anterior, las nubes de etanol comienzan a disiparse y te espabilas un poco. Acortas diferencias, pero no queda tiempo y te lamentas por todo lo que has fallado. ¿Y si no hubiese fallado esa Juan Cruz? ¿Y si hubiesen expulsado a Guillamón? ¿Y si no hubiese pedido aquella última ronda de katxis de cerveza? ¿Y si me hubiese ido a casa cuando me ofrecieron llevarme? 

    Ya es casi la hora de cenar y claramente has perdido un día. La consigna es clara. No vuelvo a beber y no me vuelvo a venir arriba si hago un buen papel en el Bernabéu. Volverás a caer en ambas.


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