Las alternativas futbolísticas se confirman en el Bernabéu

    De la misma manera que los toreros confirman la alternativa en Las Ventas, los equipos de fútbol dan la medida de su posible éxito en el Santiago Bernabéu. Tras más de veinticinco novilladas picadas, los de Arrasate llevan bastante tiempo en la parte del escalafón, pero ayer llegó la confirmación en el que, para quien aporrea el teclado, es el templo del balompié de España. Un equipo temible delante con una estadística impoluta, más de cincuenta mil espectadores otrora entendidos y un horario de máxima audiencia con todos los ojos del fútbol europeo apuntando a la Castellana.

    El Bernabéu siempre tendrá el aroma de no sé cuántas Copas de Europa, de remontadas imposibles fruto más del corazón que de la técnica, de Gento, de Di Stéfano y de la Quinta del Buitre. Los equipos se hacen mayores de edad al plantarse allí y pelear de poder a poder contra los blancos y todo lo que les rodea. Medios y jueces también forman parte de un circo que empequeñece a cualquiera y ahí de Sergio Herrera a Kike García firmaron una faena de quilates templando y mandando por momentos a quien aspira a absolutamente todo.

    Se abrió la puerta de toriles y Jagoba asomaba la nariz sobre el burladero. Mucho toro por delante y un plan en la cabeza. Traía mucho peligro el Madrid por el pitón izquierdo. Vinicius y Benzema atemorizan con su sola presencia, pero Osasuna supo poner en su sitio a los blancos: haciendo bajar la cabeza al Madrid, ejecutando tandas de ataque por el lado izquierdo con un Abde que no solo es revulsivo sino también protagonista de inicio y protegiéndose de los derrotes del rival.

    Llegó el revolcón en forma de gol local y tras recibir consejos del apoderado de Berriatua siguió Osasuna demostrando que ya no era ese equipo que visitaba Madrid intentando minimizar daños para no irse con un saco. Puerta grande o enfermería. La conexión 'navarromanchega' dio el gol para salir a hombros. Bastaba con seguir haciendo las cosas bien y el éxito sería irrebatible.

    Aún hubo que controlar las últimas embestidas siempre peligrosas de un Madrid que se dolía. Nada más peligroso que un animal herido que te va conociendo con el paso de los minutos. Hubo instantes de tensión en los tendidos con las llegadas de Moi y Mariano a las que precedió el penalti fallado por Benzema. 

    Osasuna se doctoró en Chamartín y dio una merecida vuelta al ruedo para saludar a sus aficionados. Poca gente más feliz que los desplazados a la tercera gradería del Santiago Bernabéu. Y ahora a seguir pisando alberos de primera categoría con la conciencia de que se pueden hacer buenas faenas en todas partes.

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