Un elefante atado a una estaca diminuta
Somos el elefante encadenado de Bucay. Toda una vida con complejos. No puedo... es suficiente con estar aquí...con que no nos metan un carro estará bien... Nos educaron para no llamar demasiado la atención, para no creérnoslo demasiado con esa manida frase de que el elogio debilita, nos dijeron que nuestro sitio estaba en Primera, pero que unas temporaditas de vez en cuando visitando Alcorcón, El Ejido y Alicante es lo normal... Y, claro, una vez que hemos crecido, que nos hemos hecho poderosos, miramos a la estaca insignificante que nos recuerda nuestro pasado y nos decimos "hasta aquí, no vayamos a pasarnos".
El elefante del que Jorge Bucay escribió en 2008 tiene la cara de David García ante las cámaras de televisión, la de quien manda en el palco y la tuya y la mía muy a menudo. Un elefante que nació atado a esa estaca y que a pesar de multiplicar su volumen una y otra vez se ve incapaz de liberarse. Bastaría un arrebato fugaz, pero en ese cerebro es algo inconcebible. Tantas veces lo intentó y esas mismas fracasó, por qué habría de ser de otra forma hoy.
Y en esas estuvimos ayer. Por delante del líder en el marcador y en la suma de hombres sobre el césped. Y, de repente, el elefante se empequeñeció. En lugar de arremeter contra todo y contra todos e intentar hacer lo imposible, se hizo un ovillo más felino que paquidérmico para desesperación de la grada. No puedes perder jugando contra diez si has llegado por delante al descanso ni jugando contra la Brasil del 70, la "naranja mecánica" o la España de 2010. O al menos de esa manera. No puedes pasar de ser Bud Spencer al increíble hombre menguante.
Nos hace falta trabajo psicológico si queremos sentarnos por derecho propio en la mesa de los mejores. Que sí, que ya sé qué se ha ganado a grandísimos equipos, pero el objetivo es que se compita siempre y no tengamos que recordar esas victorias como epopeyas antediluvianas. Que ya me he cansado de contar que estuve en el 0 - 3 del Bernabéu con gol de Moha como quien habla de que le toca la lotería. Mandemos la estaca a hacer hostias de una vez.
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