¿Y qué hago con mis batallitas?
Casi todos los días que voy a la radio me preparo algunas tontadas para soltarlas en esos momentos en que el balón deambula del lateral izquierdo al lateral derecho con breves transbordos en el pivote defensivo. Todo es pausado, lento. Los jugadores se colocan y la pelota vuelve a ir de banda a banda sin la más mínima oposición del ataque contrario. Nada. Ni molestar. Ni asustar. Segundos que sirven para atacantes de un equipo y zagueros del otro para respirar, para hacer que el oxígeno llegue de nuevo a las células de todas las articulaciones.
A quien está en el estadio o el que lo ve por televisión esto le parece algo bastante aburrido a la par que comprensible ya que ha visualizado todos los acontecimientos anteriores. Pero contarle esto al radioyente supone un automático cambio en el dial a Rock FM y sus clásicos de los 80 y 90 o a Radio María porque un rosario más nunca viene mal. Hasta el Agropopular de los findes de la Cope con los precios de la cebada o el maíz en origen es más interesante que escuchar plantas rodantes en las ondas que los filólogos llaman estepicursores.
De todas las bobadas que tenía preparadas para el Celta - Osasuna para dar un capotazo al gran Saralegui he podido soltar solo un par debido a que celestes y rojillos que nos han dado un espectáculo sin pausa. Saque de puerta, circulación y ocasión en el área contraria. Puesta en juego del balón, robo en tres cuartos de campo y acercamiento peligroso. Jugada elaborada en la medular, triangulación entre pivotes y centro al punto de penalti que repele el portero... Todo el rato. ¿Cuándo meto mi batallita de cuando en 2006 vi la única victoria en Primera en Balaídos?
Entre esas ocasiones el Chimy Ávila y Iago Aspas deciden meter dos golazos. Dos zumbes que delatan su calidad y su olfato de cara a puerta, cosas que nadie descubre cuando anotan, pero que los técnicos seguro llevaban seis días recalcando a sus futbolistas. "Ojo a este que a la mínima chuta y la mete". Y zas. Antes de que te des cuenta el Chimy revienta el cuero con la frente con una fuerza no evaluable y desde una distancia que parece difícilmente factible para un humano. Pero él, con ese cuello que lo mismo vale para tatuarse un calvario entero que para conducir un McLaren, ni se inmuta. Marca, celebra de forma evitable ante la "fan cam" y ganando al descanso.
No se movió el electrónico en la segunda parte, pero no por ello tuve impases para hablar sobre las zamburiñas que comí en Redondela o los ratos entre burbujas en el balneario de Mondariz. Figueroa Vázquez, a base de ser nocivo para el juego y nuestro sistema cardiovascular, no dejaba de alterarnos y mantenernos en vilo en las sillas por si el marcador no era suficientemente apretado. Malo, no. Otra cosa. A los futbolistas mediocres los dejan en el banquillo o la grada los entrenadores. A los colegiados les mantiene en el césped el corporativismo endémico. Que no se note que se ha equivocado, que seguro que no lo ha visto nadie.
Y aquí estoy yo contandoos que Balaídos se llama así porque en esa zona había un montón de avellanos, abeleiras en gallego. O que el fondo del escudo celtiña es solo azul desde 1924. Y otras mierdas que volarán por las ondas el año que viene, que no tiene pinta de que ni gallegos ni navarros nos vayamos a Segunda. Y es que si va a ser por estar así de entretenidos, me trago gustoso mis batallitas.
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