Las líneas del VAR y Iago Aspas: la forma del agua
- ¿Cuál es la forma del agua?
- ¡El agua no tiene forma! - dijo riendo. ¡Toma la forma que le dan!
Este fragmento de "La forma del agua" (1994, Ediciones Salamandra), novela con la que Andrea Camilleri inaugura la saga del comisario Montalbano, define los ejes clave del Osasuna - Celta de ayer. El diálogo, fruto de los recuerdos de infancia de la viuda del personaje asesinado, da a Salvo Montalbano la clave para resolver el enigma.
Ayer vimos en Las Rozas y El Sadar dos ejemplos de esta manipulación expresa que se produce para que lo que parezca una cosa sea otra.
Comencemos por Iago Aspas, "Príncipe de las Bateas" en Cadena COPE, y estandarte del gol patrio junto a Borja Iglesias y Joselu en tiempos de Benzemás, Levandosquis y Muriquis. La campaña mediática ensordecedora previa al Campeonato del Mundo vergonzosamente disputado en Catar no logró sus frutos y el de Moaña se quedó en Moaña. Se vendió a un tipo del pueblo rodeado de gigantes multimillonarios, una especie de aldea gala cercada por galácticos, pero Luis Enrique no picó. Sí lo hicieron miles de aficionados al fútbol que lo justo ven resúmenes de YouTube, debates del Chiringito y directos de Twitch, pero en la definición que les vendieron no se vislumbraba lo que reluce al verle sobre el verde desde la grada. Un tipo marrullero cuando no guarro y compañero discutible. Detallitos que solo salen a la luz mediática en episodios como el del Villamarín con Luiz Felipe, pero que quien paga una entrada presencia durante 90 minutos. Ayer mostró sus cartas ante Abde y se fue como siempre del Sadar: sustituido y sin marcar.
Terminaré con la líneas del VAR, claro ejemplo de manipulación y prevaricación. En una jugada que por televisión en la primera repetición con la toma de la cámara principal ya parecía fuera de juego, González González se empleó a fondo para usar la herramienta del VAR como es costumbre: para avalar decisiones previamente tomadas. Es decir, el videoarbitraje no busca la verdad, sino refrendar lo que el trencilla pita sobre el terreno de juego. Esto nos lleva a ridículos tan flagrantes como el de ayer donde las líneas trazadas para demostrar que el delantero rojillo se encontraba en posición de fuera de lugar chocaban con las leyes de la geometría y del balompié. Estamos acostumbrados a que los encargados de esta labor desconozcan las mínimas normas del dibujo técnico como que la proyección de un punto sobre el césped debe ser siempre vertical, pero lo inesperado fue ver cómo la del Chimy Ávila partía de su codo derecho, parte del cuerpo con la que no se puede marcar gol y que no computa a efectos de cálculo. Se forzó de tal forma la herramienta para salvarle el culo a Sánchez Martínez que el resultado fue grotesco. De no mostrar en la misma toma al pasador y al infractor ya ni hablamos. Todo se resume en un acto de fe. Esta es la imagen única y fidedigna y nosotros somos muy honorables. ¿Por qué no os fiais de nosotros?
Nos lo dejó claro la viuda de Luparello. Unos y otros tratan de modificar la realidad para adecuarla a sus fines sin rubor y cuando son pillados en falso simulan indignación. Ocurrió con Aspas y ocurrió ayer. Y ocurrirá.
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